Lunes, septiembre 25, 2017
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EL COSTO DE LA AUTONOMÍA MAYA

—La miseria que se ve, es la que genera el sistema. La gente en su comunidad produce, pero lo que da su milpa apenas les permite sobrevivir.

El señalamiento es de Carlos Chablé Mendoza, quizá el único cronista de Quintana Roo que se conduce como tal, cuando aborda las condiciones en que se encuentran los mayas; aunque él prefiere calificarse como promotor cultural.

—Las necesidades se las van creando, pero en la medida que no puede comprar o adquirir bienes, empiezan a empobrecerse y hacerse miserables.

Es uno de los viles resultados del capitalismo.

—Si no consumes, no vives; no eres nadie. Consumir es sinónimo de vida en el capitalismo, cuando lo que produce es miseria y ésta lleva a la muerte, a la desaparición del individuo.

Existen carencias de médicos, fuentes de trabajo, hospitales y servicios. Sin embargo no hay que confundirse.

—Eso es otra cosa. Los derechos básicos de la gente: salud, educación, alimentación, vestido y vivienda, el sistema se lo niega.

¿De qué se trata?

—De que tengamos, no hablemos sólo de los mayas, sino de todos, la oportunidad de acceder a una vida que satisfaga estos cinco aspectos. Para que esto suceda, necesitamos un ingreso permanente y para que éste se dé, falta empleo.

Este es crucial en la región, como en muchas partes del país y en particular en las áreas indígenas.

—Tampoco se trata de decir ‘porque faltan empleos, abramos maquiladoras, invernaderos’. No. Hagamos proyectos que tengan como punto de partida la realidad de la gente y su cultura; que sea un desarrollo con identidad, que permita quedarte en tu pueblo; con una fuente de empleo que facilite producir, tener excedentes que vender y obtener otros satisfactores, porque también tenemos derecho a la recreación.

Si el Estado no promueve el empleo ni la producción, como está pasando, ¿a dónde vamos?

—Hace unos diez años se dijo que el invernadero Hidroponía Maya sería un proyecto social, pero en los hechos es una empresa más que se hizo —tengo entendido que continúa así— con recursos públicos.

Más no opera como tal, porque los productores están reducidos a vendedores de fuerza de trabajo.

—Es cierto que hay empleos, pero los indígenas son asalariados, con un ingreso que les permite completar lo que no obtienen con su milpa. Hidroponía Maya, dista de ser un proyecto social; mucho menos de los mayas. Muy, muy lejos.

¿Los invernaderos le son ajenos a los mayas?

—Nunca los hemos sentido como propios. Jamás lo ha sentido la gente como un proyecto suyo. Así ha sucedido con lo que se haya hecho a nombre del desarrollo maya, como zona de desarrollo.

Algo similar sucedió con los corredores citrícolas, impuestos por el entonces gobernador Miguel Borge Martín.

—Era una invención del Estado como política de desarrollo, supuestamente, que no cuajó. De esto no hace mucho.

¿Qué ocurre con los indígenas a la hora del diseño gubernamental de modelos de desarrollo?

—No son tomados en cuenta, porque hasta el momento el pueblo maya carece de una organización que se inspire en su identidad, lengua, cultura y en sus aspiraciones. No existe una organización representativa del pueblo maya.

De esto se aprovecha el Estado y sus instituciones, porque trata con la gente de manera individual. No quiere tratar con la gente organizada.

—Cuando hemos intentado crear organizaciones, las han disuelto por las buenas o por las malas. Por ejemplo, en el proceso que se dio en la campaña de los quinientos años, creamos el comité de una unión de comunidades mayas, pensando que era necesario tener una organización con sus propios objetivos, formas, métodos y tiempos.

¿Qué pasó? Chocaron con el aparato oficial; aunque con el Instituto Nacional Indigenista lograron avances vía movilización, pues recurrieron a ellas dentro y fuera de Quintana Roo.

—Acudimos a la gran marcha del 92 que culminó con nuestra celebración del medio milenio de resistencia.

He aquí algunos triunfos de las comunidades, arrancados al INI:

—Conclusión de clínicas y aprobación de proyectos culturales. Muchas cosas que estaban pendientes. Nace Radio Xenka, en Carrillo Puerto, como producto de esa lucha.

Esa organización se truncó cuando el gobierno amenazó a la gente.

—Les decían: ‘para que accedas al fondo regional de Solidaridad, no puedes pertenecer a una organización como esa. Ingresas como ejido, comunidad o grupo de trabajo, o no hay apoyo para ti’.

Así fueron disolviendo el trabajo con y en los centros ceremoniales, que llevó a muchos abuelos y dignatarios mayas a adoptar, nuevamente, una actitud autónoma y participativa a favor de su comunidad.

—Fuimos neutralizados a través del programa de etnodesarrollo, pues llegó un momento en que se le salió del huacal al Estado y al PRI un buen sector. No digo que todos, pero si un número representativo de los dignatarios mayas.

De esa manera los pulverizaron. Así los han minado, evitando que se dé una organización maya. En el fondo, la meta de los programas dirigidos a los mayas es la enajenación.

—Han priorizado las maneras de controlar, pero no les ha funcionado. Tan no les ha funcionado, que Carrillo Puerto ha sido escenario de represión de movimientos campesinos.

Hablamos de hace 6 años, y recientemente de 2009. Precisamente los noviembres han sido meses sellados por la reprimenda.

—La última fue el veinticuatro de noviembre del año pasado, cuando desalojaron a los compañeros en la entrada de Carrillo Puerto. Viniendo de Tulum, hombres, mujeres, ancianos y niños fueron maltratados.

¿La causa?

—Exigían al gobierno que cumpliera con el pago del siniestro de milpas perdidas, problema recurrente cada ciclo agrícola. Hace seis años también el parque fue escenario de una lucha provocada por la policía contra los campesinos.

Hace un sexenio, también en noviembre, en Tihosuco, fueron desalojados, otra vez, a punto de bastonazos y gases, mujeres, niños, viejos, y ancianos.

—Todo eso una muestra de que no quieren responder a lo que la gente demanda, a la necesidad. Se siniestró la milpa, hay un seguro de por medio y no se quiso pagar.

¿Qué pasó con el dinero que se le dio a la aseguradora?

—No sé. Lo cierto es que se reprimió y no se les pagó a los campesinos perjudicados; quedó pendiente.

Por supuesto que La Comisión Estatal de Derechos Humanos, instancia oficial, jamás funcionó como tal, para, de alguna manera, resarcir la vejación.

—Continúa permeando en el Estado la tozudez, con un carácter más ladino de gobernar, en el cual los indígenas no tienen espacio. Finalmente se les sigue viendo a los mayas, en este caso, como gente atrasada, que está así por su condición de indígena.

“¿Quieres dejar de estar jodido? Renuncia a ser maya”.

—La actuación del gobierno y sus instituciones, te obliga a sacar esa conclusión. Y siguen cometiendo los mismos errores de no tomar en cuenta nuestra identidad a la hora de planear, porque creen que ésta no tiene valor.

Sin embargo más de 500 años ha sobrevivido el pueblo como tal.

—Estoy hablando de su lengua, tradiciones y costumbres. Pero se venden paquetes turísticos a nombre de los mayas. Quiere decir que sí somos importantes. Importantes para ser etiquetados; no para que sea formulado un programa de desarrollo a través de la participación indígena.

¿Temen que los mayas colaboren en el diseño de su futuro?

—Esa es la verdad. No es tan de acuerdo en darnos la oportunidad de que la gente tome las decisiones que van afectar su mañana. Claro que, en el marco jurídico internacional de los derechos indígenas, el derecho a la toma de decisiones está normado. Debe tomarse en cuenta su opinión antes de aplicar un programa o plan de desarrollo en una comunidad.

¿Los mayas carecen de una organización auténtica que los represente?

—El Consejo Supremo Maya, de los años setentas-ochentas, ya no existe. Pero hay que decir que era un instrumento corporativo que trabajaba para el estado priista.

Ahora, dentro de la Ley de Derecho y Cultura Indígena, existe la figura del Gran Consejo Maya, que se supone se integra con los generales de los centros ceremoniales.

—En los hechos no funciona ese ordenamiento. Es letra muerta. El Gran Consejo Maya, según esa ley, es un espacio o instancia de consulta, precisamente de consulta para programar el desarrollo en las comunidades, pero esto no ocurre.

Sin embargo a las personalidades que lo integran, les dan dinero, despensas y utensilios de cocina. ¿Con qué fin?

—Obviamente, la intención es el control. El de control sobre quienes representan la autoridad tradicional maya. No puedo negar que el Estado lo consigue en algunos casos, pero tampoco podemos descartar que dentro de la organización tradicional maya haya quienes rechazan ese control.

Podrá no haber una organización política del pueblo maya, pero dentro de su esquema organizativo tradicional hay gente con una visión clara de los tiempos y de las formas de luchar y que, generalmente, no tienen que ver con alguna posición partidista.

—Hay algo que decimos mucho: los pueblos son dueños de su tiempo y de las formas en que se manifiesta y estas se dan de manera cíclica. Así es nuestra historia, nuestro proceso. Nunca hay que descartar la vigencia de la vida espiritual que se da en los centros ceremoniales. Es la que inspira decisiones que trascienden.(Mario Hernández. Entrevista realizada en dic 2010)

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