Domingo, Agosto 20, 2017
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Confín sureño, bomba de tiempo

Normando Medina Castro

Jueves 3 de julio, 2017

La frontera México-Belice y la intersección con Guatemala son de alto riesgo para la seguridad nacional y ahora con la nueva ley migratoria norteamericana, presentada como proyecto por el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, así como la aprobación de mil 600 millones de dólares para la construcción del muro fronterizo con nuestro país, los riesgos se hacen mayores.

Nadie voltea hacia esta frontera sur. Sin embargo, aquí está con sus 278 mil 266 kilómetros de longitud, la mayoría de límite marítimo con la Bahía de Chetumal, el Río Hondo, Río Azul y Boca Bacalar Chico. El proyecto de la nueva ley migratoria estadunidense plantea reducir la inmigración ilegal a la mitad junto con el reforzamiento de la vigilancia de los límites con México, incluyendo el inicio de la construcción del ignominioso muro.

La cámara baja norteamericana no tuvo empacho en autorizar los mil 600 millones de dólares para construir 120 kilómetros y, a pesar de que tendrá que pasar por el Senado, todo parece indicar que el muro ya no es una simple amenaza. Por absurdo que parezca, ya que la frontera de México con los Estados Unidos tiene más 3 mil kilómetros de longitud, el hecho deja ver la política de intolerancia de la administración Trump hacia los inmigrantes. Eso implica mayor vigilancia en todos los sentidos, lo cual tendrá algún impacto también en el tráfico de armas hacia México, para el crimen organizado, provenientes del país de las barras y las estrellas.

En Chetumal es un secreto a voces que desde hace muchos años en la frontera con Belice y la intersección con Guatemala se trafican personas, armas , drogas, cigarros y whisky por ciudadanos beliceños y mexicanos. Ya desde mayo de 2011 el periodista Juan Veledíaz publicó en Animal Político un reportaje en el que alertaba, citando fuentes castrenses, que esta zona fronteriza era una bomba de tiempo bajo control de los Zetas. “La esquina donde parece que no pasa nada”; no obstante, “ingresan drogas, indocumentados, mercancías ilegales y armas, mientras los agentes de migración y aduanas hacen su papel para que todo funcione”.

Nuestro país le dio reconocimiento al territorio dominado por los ingleses a finales del siglo XIX, nombrado Honduras Británica, hoy Belice, precisamente para frenar el contrabando de armas y municiones que terminaban en manos de los mayas alzados en la Guerra de Castas. Esa frontera olvidada y tierra de nadie, era el paraíso de todo tipo de contrabando, por lo que el Presidente de México, Porfirio Díaz, decidió crear el territorio federal de Quintana Roo para resguardar la seguridad nacional.

Con los años, la relación entre beliceños y mexicanos que habitan el municipio de Othón P. Blanco, Quintana Roo, se hace muy estrecha. Paradójicamente, el Río Hondo no lo es tanto en varias partes, a lo largo de los aproximadamente 193 kilómetros de tierra, donde en ambos lados habitan poblaciones ribereñas y el intercambio de mercancías y otras cosas, se da de manera ininterrumpida a pesar de los esfuerzos de la Marina y la 34 Zona Militar.

Balsas, lanchas y cayucos transitan de un lado a otro en un flujo que no se detiene. Ahora las decenas de veredas que existen de uno y otro lado de esta frontera olvidada pueden significar un grave riesgo si se blinda la frontera norte, sobre todo, en lo que se refiere al tráfico de armas. Todas las poblaciones de la ribera del Río Hondo del lado mexicano, desde Juan Sarabia hasta La Unión, demandan más y mejores servicios públicos, además de que los tres niveles de gobierno volteen a mirarlas y generen desarrollo.

Muchos de sus pobladores conocen esas veredas que lo mismo salen cerca de Escárcega, Campeche o hacia Felipe Carrillo Puerto. Son gente buena, pacífica, lo mismo que los habitantes de Chetumal donde en fechas recientes ya se habla de robos, asaltos y, por lo menos, dos secuestros. Aún es tiempo de evitar que esta bomba de tiempo, que es la frontera México-Belice y la intersección con Guatemala, estalle.

Es urgente la diversificación económica de Chetumal y las demás poblaciones del municipio Othón P. Blanco. En un tiempo, antes de la entrada de México al sistema de aranceles, todo giraba en torno al comercio de importaciones. Con el libre comercio, las crisis económicas y las devaluaciones, muchas fortunas chetumaleñas se fueron para no volver. La capital de Quintana Roo se quedó únicamente con la burocracia como principal fuente de empleo.

El primer gobernador de Quintana Roo fue Jesús Martínez Ross, oriundo de Chetumal. Le sucedió Pedro Joaquín de Cozumel. Luego, Miguel Borge Martín de Cozumel, seguido de Mario Villanueva de Chetumal a quien sucedió Joaquín Hendricks, también de Chetumal. Después de Hendricks vinieron como gobernadores Félix González y Roberto Borge –ambos de infausta memoria- y actualmente gobierna Carlos Joaquín, quien también es de origen cozumeleño.

Desde Joaquín Hendricks inició lo que los chetumaleños vieron como una invasión de fuereños en diferentes puestos de gobierno. Con Félix González muchos cozumeleños vinieron a fijar su residencia en Chetumal desplazando a los habitantes de la capital y creando un celo que aumentó ostensiblemente con Roberto Borge, porque no sólo ocuparon los puestos más importantes y se enriquecieron súbitamente, sino que además trataban con la punta del pie a la gente local.

La prepotencia, arrogancia y descaro de felixistas y borgistas eran una verdadera afrenta. Los habitantes de Chetumal cuando no son nativos de la ciudad llevan muchos años viviendo en ella, y los nativos se enorgullecen de manera especial y dan cuenta de la cantidad de generaciones que tienen, de las que alguna estaba desde antes del huracán Janeth. Sin diversificación económica y sólo con la burocracia como principal fuente de empleo, es un tema muy sensible que no puede ser ignorado.

Hasta la próxima.

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