Domingo, abril 30, 2017
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La falta de identidad de los partidos políticos

La identidad política es un ingrediente sustancial, en este viejo quehacer, que se ha venido perdiendo en forma acelerada. Hay un alejamiento casi total del concepto ideológico y del amor a la camiseta de tal manera que a muchos políticos de hoy, lo mismo les da estar con melón que con sandia si las condiciones son propicias para militar en un partido diferente siempre y cuando avizoren que las oportunidades fluirán con mayor intensidad en la formación política a la cual se adhieren, sin convicción, o cuando son “congelados” por los factores reales de poder que inciden en el partido de su antigua militancia y buscan una tabla de salvación segura y prometedora. Esto sucede, en gran medida, por el pragmatismo de algunos Partidos en donde la leva política tiene una posición especial; ya no exigen la adherencia a los valores que sustentaron y que fueron el motivo fundamental de su erección como organismos políticos y a las causas que les dieron origen; sus documentos básicos se han convertido en un catálogo de buenas intenciones y es una especie de Real Politik a la mexicana la que rige la mayoría de sus acciones. El espectro político tan parecido entre uno y otro bando, ha provocado confusión dentro del seno de la sociedad que no logra distinguir la oferta política y la dirección que seguirán producto del auto desdén a sus respectivos documentos básicos que son los que contienen su visión particular sobre la problemática social y la solución que ofrecen para destrabar las trancas y abrir más espacio a la sociedad que aspiran a representar o gobernar. Esto imposibilita al núcleo social para hacer comparaciones entre uno y otro partido, por lo que sale a votar en favor de las personalidades cuando debía de ser por el Partido que mayormente satisfaga sus aspiraciones de bienestar y tenga una oferta superior para el progreso de México o de las entidades en donde se lleve a efecto la elección, independientemente de la propuestas de sus candidatos y lo atractivos que resulten al electorado. Las Torres de Babel en que se han venido convirtiendo algunas formaciones políticas, los desdibujan al no tener una línea de identidad propia que los distinga en el mapa electoral y solo tienen respuestas contundentes de acuerdo a la coyuntura política y no una actitud sostenida siguiendo los lineamientos de sus idearios políticos. La gemelización política y la homogeneización de criterios, aun sean circunstanciales, deja sin opciones al electorado, pulverizando la diversidad que es una de las bases inconmovibles en donde se sostiene el gran edificio de la democracia. Con lo anterior hay una gran diferencia en la construcción de consensos y el estímulo de coincidencias en aras de un objetivo de beneficio colectivo. Una de las muestras más palpables del cuatismo político circunstancial, es la aberrante conjunción del agua con el aceite producto de las alianzas interpartidistas con ideologías totalmente contrastadas, en una suma interesada del poder por el poder, sin ofrecer alguna oferta mancomunada que pudiera orientar al electorado sobre sus propósitos comunes. En la realidad son las personalidades las que se imponen al no comprender la ciudadanía los propósitos esenciales de tamaño menjurje. Por otro lado, en muchas ocasiones las imposiciones foráneas causan gran malestar entre la antigua militancia al ser desplazada por cuadros a los que antaño combatieron o por noveles recomendados que carecen de escoleta política. El imperativo partidista debería ser cobijar en las responsabilidades más altas y, dentro de la esfera de las oportunidades, a los que se han batido por honrar la camiseta en el campo de batalla electoral, a los que se distinguen por enarbolar con autenticidad sus principios doctrinarios y que han demostrado lealtad acrisolada tanto a los auténticos liderazgos como a la institución política en las buenas y en las malas, teniendo a la sociedad como el receptáculo fundamental a donde dirigen sus acciones. En relación con lo anterior, podría mencionar que el incumplimiento con lo señalado fue el problema esencial de mi Partido, secuestrado por la dupla política dominante, quienes subestimaron a los cuadros forjados en el duro yunque del trabajo partidista, abrieron las puertas a la improvisación y las cerraron de tajo a los que consideraban lejanos a sus particulares intereses; a ello se aunó, los señalamientos de autoritarismo y corrupción. Ya vimos los resultados. La urgencia de fortalecer el proceso democrático tan viciado en los días que corren, pasa al interior de algunos partidos que requieren volver a sus declaraciones de principios para delinear su perfil político para que sepa la sociedad a donde se dirigen y cuál es su propuesta. Cuenta mucho también, la desburocratización de sus dirigencias para volver a ser válidos interlocutores de la sociedad; la política se hace a campo abierto con el pueblo, y no en la oscuridad de los despachos burocráticos. Por otra parte, la nueva realidad exige poner punto y final al trapecismo político que privilegia al oportunismo de gente que ha recorrido toda la geometría política, reacios a cualquier doctrina, y sin ninguna vocación social que pudiera definirlos como serios portadores de propuestas y menos que se distingan por su lealtad; ellos nada buscan el sol que más caliente a sus intereses particulares y con las mismas vuelven la cara hacia otra formación política que desafortunadamente los arropa aunque haya malestar entre la militancia. Pero hay que hacer una distinción: no hay que confundirlos con los auténticos políticos que fueron desperdiciados o ninguneados por el politburó del organismo político al que pertenecían no obstante su valor intrínseco como cuadros de primera y que buscan otra opción política convergente con su particular enfoque del tejido social. En otra tesitura, hoy más que nunca, se requiere del concurso partidista como genuinos factores coadyuvantes para la elaboración de programas de beneficio colectivo que acerquen a la sociedad con propuestas constructivas. Ya se palpó a saciedad que en cuestión de los votantes no hay nada escrito pero si puede la indiferencia política seguir invocando al robusto fantasma del abstencionismo que merma la legitimidad de los que resultan ganadores con escasos sufragios, además de ser generador de conflictos post electorales cuando es estrecho el margen de votación que separa a los punteros. Habría que añadir, que en estos tiempos inciertos, no se puede ser vecinos distantes ante los negro nubarrones que tienden a oscurecer tanto en el panorama interior como el exterior; la política y la economía se descomponen y solo una manifiesta solidaridad en torno a los valores nacionales y una actitud firme y resuelta ante la adversidad podrá sacarnos del atolladero evitando que la Patria se nos deshaga. Hay que recordar siempre, que la competencia electoral no exime del compromiso con los intereses superiores de México y Quintana Roo y es aquí donde la construcción de consensos para fertilizar las coincidencias es un imperativo fundamental. Para finalizar enfatizaría, que en la auténtica diversidad y de acuerdo al proyecto que postulan, cada institución política puede aportar un sinfín de ideas propias en esta actividad plural para seguir coadyuvando en la construcción y remodelación de los destinos de nuestra entidad federativa en un suelo parejo y sin los dados cargados. La democracia es un proceso serio en donde no caben los saltimbanquis ni los demagogos de banqueta, en donde la autenticidad debe regresar por sus fueros lo mismo que las ideas.

 Por  Primitivo Alonso Alcocer

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